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sábado, 24 de octubre de 2026

En el Supermercado

 


Yo hubiera pensado que los carritos de supermercado eran más recientes, pero ya llevan casi 90 años entre nosotros. Las primeras tiendas de autoservicio abrieron hacia 1912 en California, Estados Unidos, con el propósito de ahorrar el pago de sueldos a los empleados. Los clientes ingresaban al negocio y cargaban los artículos de su elección.

El carro de compras fue conceptualizado por Sylvan Goldman en 1937. Goldman era socio en una cadena de alimentarios en la ciudad de Oklahoma, quien se dio cuenta que podría dar un mejor servicio y vender más de sus productos si tuviera los medios para llevarlos consigo, notó que si los clientes podían cargar más, compraban más, así que solicitó a Fred Young, un herrero local, la elaboración del primer modelo de carrito, semejante a una silla de ruedas plegable

En 1947 se diseñó un asiento para mantener a los niños fuera del alcance de las mercaderías y dentro del propio canasto. En 1952, se desarrolló una pieza plástica para tapar los hoyos para las piernas, en el caso de compradores sin niños. Esto permitió que los consumidores colocaran productos pequeños en el asiento para niños sin que la mercadería caiga a suelo

A tener en cuenta:

Las estadísticas indican que una alta cantidad de accidentes se debe a caídas, aproximadamente un 60% de estas caídas se producen dentro del hogar, y el 40% restante se origina en los más diversos lugares, dentro de los cuales, un cifra importante sucede dentro de los supermercados. Los niños acuden al Supermercado porque sus padres no tienen con quien dejarlos en casa, o simplemente porque a ellos les encanta ir. El problema es que no estamos conscientes de los riesgos que ello implica, especialmente por las caídas o golpes que pueden sufrir con los carros de compras. Reportes médicos han indicado que en un periodo analizado se reportaron 62 niños accidentados con carros de compras. La mayoría de ellos menores de 4 años y algunos sobre 10 años de edad. La causa más común de los accidentes fue la caída desde los carros, o por volcamiento de los mismos, y en algunos casos, por choques entre carros cuando los niños corrían a través de los pasillos sin poner atención hacia donde estaban guiando. Dentro de estos niños 79% sufrió golpes en la cabeza, 18% diferentes tipos de fracturas y 8% presentaron fractura de cráneo hasta el punto de requerir una intervención de neurocirugía debido a hematomas intracraneales.

¿Sabías que esto sucedía? Yo no, hasta que me enteré en la enfermería de un Super, allí me dijeron que era un accidente muy común.

También el tamaño de los carros tienen una meta: hacer creer al comprador que está cargando pocos productos

Ahora bien: ¿Qué compramos? nos fijamos ¿En la cantidad o en la calidad?

En la cantidad te tejo que decidas pero en la calidad te aconsejo lo siguiente:

Las frutas y verduras congeladas pueden conservar un perfil nutricional similar al de los productos frescos y, en algunos casos, retener mejor ciertos antioxidantes. Sin embargo, elegir este tipo de productos con salsas, azúcares o envases deteriorados puede reducir sus beneficios nutricionales. La recomendación surge de Verywell Health con la aprobación de la dietista registrada Karina Tolentino, que advierte sobre cinco errores frecuentes en el pasillo de congelados. La clave es revisar la lista de ingredientes, controlar el estado del paquete y priorizar las opciones simples, sin agregados

Las verduras con salsas preparadas suman sodio, grasas y caloríasLas verduras congeladas sin condimentos aportan fibra, vitaminas y minerales. El problema aparece con las presentaciones que incluyen queso, crema, manteca o mezclas de condimentos con alto contenido de sodioEl maíz con manteca, la espinaca a la crema, el brócoli con salsa de queso y las chauchas al ajo con manteca son algunos ejemplos. Estos productos pueden incorporar grasas saturadas y calorías que no forman parte de la verdura en su estado natural.

Para conservar el control sobre la preparación, conviene elegir verduras congeladas simples y condimentarlas en casa. Hierbas, especias, ajo, aceite de oliva y jugo de limón permiten modificar el sabor sin depender de salsas industriales.

La fruta posee azúcares naturales, por lo que no necesita endulzantes añadidos. Aun así, algunas presentaciones congeladas incluyen azúcar o almíbar para intensificar el dulzor.

Las frutillas, cerezas, duraznos, mangos y mezclas de frutos rojos pueden venderse en esas versiones. El resultado es un aumento de los azúcares agregados, sin un aporte nutricional adicional.

La alternativa más conveniente es buscar etiquetas que indiquen que la fruta no contiene azúcar añadida. Las versiones envasadas solo con agua o congeladas sin otros ingredientes permiten aprovecharlas en licuados, avena, yogures o preparaciones caseras sin alterar demasiado su composición.

La lista de ingredientes permite detectar agregados innecesarios

El proceso de congelación conserva los alimentos a bajas temperaturas, por lo que muchos productos no requieren tratamientos especiales para mantenerse durante meses. Por eso, una bolsa de brócoli, arvejas o berries puede tener como único ingrediente el alimento que anuncia en el frente.

No obstante, otras opciones incluyen crema, manteca, queso, edulcorantes, sal o mezclas de condimentos. Una lista extensa de ingredientes puede ser una señal para revisar con mayor atención la información nutricional.

La guía aconseja limitar las variedades con exceso de sodio, grasas, calorías o azúcares. Cuantos menos agregados tenga una fruta o verdura congelada, mayor será el control que tendrá el consumidor sobre su preparación.

El hielo excesivo puede revelar problemas de conservación

El estado del envase también influye en la calidad del producto. Una bolsa rota, una capa gruesa de escarcha en su interior o las piezas convertidas en un bloque compacto pueden indicar que el alimento se descongeló parcialmente y luego volvió a congelarse.

Esa situación puede afectar la textura y el sabor de las frutas y verduras. También exige precaución desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, sobre todo si el paquete presenta daños visibles.

Al comprar, es preferible elegir paquetes bien sellados, sin rasgaduras y que se mantengan completamente congelados. Una vez en casa, los alimentos deben ir al freezer lo antes posible. Mantener la cadena de frío ayuda a preservar sus condiciones.

Los congelados pueden competir con los productos frescos?

La percepción de que todo alimento fresco es más nutritivo que su versión congelada no siempre se ajusta a la evidencia. Las frutas y verduras destinadas al freezer suelen cosecharse en su punto de maduración y congelarse poco después.En cambio, los productos frescos pueden perder parte de sus nutrientes durante la cosecha, el transporte, la exhibición y el almacenamiento doméstico. Algunas investigaciones citadas por Verywell Health señalan que determinadas frutas congeladas pueden conservar una actividad antioxidante superior a la de sus equivalentes frescos.

La elección entre una alternativa u otra depende de la disponibilidad, el presupuesto y el uso previsto. Combinar frutas y verduras frescas con opciones congeladas puede facilitar el consumo diario de vegetales durante todo el año. Para aprovecharlas, las verduras pueden agregarse al final de la cocción y la fruta puede usarse directamente en licuados, repostería, tostadas francesas o avena 

Recuerda que: Este cochecito nos ayuda con la carga de comida a través de los pasillos de los supermercados pero...¿Te has dado cuenta que cada día es más grande, mientras que las cajas se mantienen igual de pequeñas?


Cinco errores al comprar frutas y verduras congeladas - Infobae

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