Cada día, millones de partículas de microplásticos desaparecen de la superficie del océano, pero no por arte de magia. Son transportadas hacia las profundidades gracias al zooplancton, un conjunto de organismos diminutos que flotan en el agua y que desempeñan un papel mucho más grande de lo que parece
Un reciente estudio realizado por el Plymouth Marine Laboratory identificó que un tipo de zooplancton, los copépodos, expulsan hasta 271 partículas de microplásticos por metro cúbico de agua cada día en el Canal de la Mancha Occidental, actuando como auténticas "bombas biológicas" que hunden estos contaminantes lejos de la superficie. El equipo científico estuvo encabezado por Valentina Fagiano, del Oceanographic Center of the Balearic Islands.
Los copépodos, que forman el grupo dominante dentro del zooplancton y están distribuidos por todos los océanos, resultan fundamentales en la transferencia de microplásticos por la columna de agua y la cadena alimentaria marina. Ellos los encapsulan y hunden, lo que contribuye a su acumulación en los sedimentos más profundos.
¿Qué es el zooplancton?
Es una multitud de criaturas tan pequeñas que la mayoría no puede verse a simple vista. Estos animales, que viven a la deriva en océanos, lagos y estanques, van desde protozoos microscópicos hasta medusas, pasando por larvas de peces y cangrejos. El zooplancton es fundamental para la vida acuática. Se alimenta de fitoplancton (el “plancton vegetal”) y luego sirve de alimento a peces, aves marinas y mamíferos. Así, facilita la transferencia de energía y el ciclo del carbono en el planeta
Si alguna vez viste la serie Bob Esponja
recordarás a Sheldon J. Plankton, un personaje inspirado justamente en los copépodos, pequeños diminutos camarones que suelen pasar desapercibidos, pero resultan protagonistas invisibles en la historia de la contaminación por microplásticos.
Los científicos, a través de experimentos de visualización en tiempo real, observaron cómo estos pequeños crustáceos ingieren microplásticos suspendidos en el agua mientras se alimentan de microalgas. Después de aproximadamente 40 minutos, los copépodos expulsan estos fragmentos plásticos dentro de sus propias heces, que se hunden hasta el fondo marino.
Si los copépodos contienen microplásticos de forma habitual, los peces que los comen también los incorporan, y así sucesivamente por toda la cadena alimentaria.
Aunque el estudio no se centró en los posibles daños para la salud humana, sí advierte sobre el riesgo de que el plástico termine entrando en los ciclos fundamentales de la vida marina, y, en última instancia, en nuestra propia dieta.